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La necesidad de morir, consuelo del sabio
La muerte es parte inevitable de la vida. Tarde o temprano, todos hemos de enfrentarnos a ella. Sin embargo, para el sabio, la certeza de la muerte no es motivo de temor o aflicción, sino más bien de consuelo y serenidad. Así lo expresa magistralmente el filósofo Jean Jacques Rousseau en una de sus más célebres frases: «La necesidad de morir proporciona al hombre sabio una razón para soportar las penas de la vida».
Analicemos el significado profundo de esta sentencia. Rousseau no pretende afirmar que la muerte sea deseable, sino evidenciar que, para el hombre prudente, el conocimiento de su inevitabilidad le ayuda a sobrellevar mejor los sinsabores y tribulaciones de la existencia. Es decir, la conciencia de la finitud de la vida aporta una perspectiva que permite relativizar y superar más fácilmente las dificultades cotidianas.
El hombre sabio es consciente de que la vida está llena de problemas, frustraciones y dolores. No todos los deseos se cumplen, no todo sale como esperamos. Hay enfermedades, fracasos y pérdidas que han de ser soportadas con entereza. Frente a todos estos pesares, la certeza de que la vida es breve y de que todo acabará con la muerte, confiere al sabio una serenidad y ecuanimidad que le ayudan a transitar el camino de la vida con mayor templanza.
Saber que la existencia es fugaz y que el sufrimiento tendrá un final, hace más llevadero el padecimiento presente. La muerte se convierte así en fuente de alivio, pues pone un límite a nuestras penas. El hombre prudente lo acepta y encuentra en ello consuelo y aplomo para perseverar en su travesía vital, sin desesperarse ante la adversidad.
Esta idea de Rousseau posee una gran profundidad filosófica, pero también un sentido práctico y reconfortante. Por ello, sus palabras se han utilizado frecuentemente en ceremonias y discursos fúnebres, ya que expresan un mensaje de esperanza pese a la tristeza de la despedida.
Recordar que la vida es breve y que hay un final para todo sufrimiento, resulta un bálsamo que mitiga el dolor de la pérdida en los funerales. Rememorar la sabiduría con la que el difunto encaró su mortalidad, ensalza su entereza y valentía para superar las dificultades hasta el final. Y reafirmar que ahora descansa en paz tras su lastimoso deceso, reconforta a los dolientes, que comprenden que su ser querido ya no sufre y que, gracias a la muerte, ha encontrado el sosiego definitivo.
En definitiva, esta sentencia de Rousseau posee múltiples lecturas y una gran profundidad. Expresa uno de los consuelos de la filosofía ante el eterno dilema humano del sufrimiento y la muerte. Y en los ritos fúnebres, recuerda que la vida es fugaz, alivia la pena de la ausencia y reconforta por el descanso final del fallecido. Unas palabras cargadas de verdad, de consuelo y de inspiración para vivir con sabiduría y afrontar con entereza nuestro común destino mortal.