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No Es Que Me Asuste La Muerte. Es Tan Sólo Que No Quiero Estar Allí Cuando Suceda.
Esta célebre frase del director de cine Woody Allen expresa con humor e ironía el temor que muchas personas sienten ante la perspectiva de su propia muerte.
En sí misma, la frase es una paradoja. Woody Allen dice que no le da miedo la muerte en sí, sino el momento de morir. Es como decir que no te importa volar, sino despegar y aterrizar.
Lo que subyace detrás de estas palabras es la angustia existencial que producen en el ser humano los pensamientos sobre su propia finitud. La muerte es el final definitivo de la vida, y pensar en ese momento resulta inevitablemente aterrador.
Esta frase se suele utilizar en contextos funerarios precisamente para aliviar la solemnidad del acto y aportar un toque de humor negro. En los velatorios o entierros se reúnen familiares y amigos de la persona fallecida, y todos se ven confrontados con la cruda realidad de la muerte.
En esas circunstancias, cuando el ánimo de los asistentes está compungido y melancólico, citar las palabras de Woody Allen puede servir para distender el ambiente. Mencionar que el difunto «no quería estar allí cuando sucediera» su propia muerte introduce cierta liviandad.
Así, una frase aparentemente frívola adquiere un significado más profundo: el deseo de celebrar la vida de quien acaba de partir, en lugar de centrarse en el luto por su pérdida. Recordar su sentido del humor es una forma de homenajear a la persona fallecida.
Muchas personas incluyen citas de Woody Allen en las esquelas mortuorias con este mismo propósito. La frase ayuda a transmitir que, si bien la muerte es triste, no hay que perder el sentido positivo con el que el difunto vivió.
Otra razón por la que esta frase cala hondo es que pone en duda las creencias sobre el más allá. La religión suele ofrecer la idea reconfortante de una vida después de la muerte. Sin embargo, Woody Allen apunta irónicamente que tal vez no haya nada tras el final.
Con su característico escepticismo, el director parece decir que lo verdaderamente angustioso no es la muerte en sí, sino la incertidumbre sobre lo que vendrá después. O quizás, sencillamente, dejar de existir.
Sea como fuere, lo cierto es que esta frase conecta con el sentimiento universal de desasosiego ante la perspectiva de la muerte propia. Todos nos enfrentamos a ese enigma en algún momento de la vida.
Por ello, en los velatorios, entierros y funerales, citar las sabias palabras de Woody Allen sirve para afrontar la muerte de un ser querido con una sonrisa, honrando su memoria, y para reflexionar con humor sobre el misterio de la existencia humana.