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La pérdida se lleva lo que no fue, pero nosotros permanecemos con lo que disfrutamos
La muerte de un ser querido es uno de los momentos más difíciles por los que podemos pasar. Es un dolor profundo que nos hace cuestionarnos muchas cosas sobre la vida, el amor y las relaciones humanas. En esos momentos de tristeza, puede ser útil recordar la frase del escritor argentino Mario Rojzman: «La pérdida se lleva lo que no fue, pero nosotros permanecemos con lo que disfrutamos«.
Esta reflexión cobra especial sentido cuando se utiliza en un contexto funerario, durante el velorio o funeral de una persona. Nos invita a pensar que lo importante no es enfocarnos en las cosas que no fueron o que no pudieron ser con ese ser querido que ya no está, sino atesorar todo aquello que sí pudimos vivir y disfrutar junto a él o ella.
Muchas veces, tras una pérdida, tendemos a pensar en los planes que se quedaron sin cumplir, las conversaciones que no tuvimos, los «te quiero» que no alcanzamos a decir. Sin embargo, como nos recuerda la frase, lo que importa es lo que sí existió: los recuerdos, las risas compartidas, los momentos de complicidad. Eso es lo que podemos conservar en el corazón y la memoria para siempre.
Así, aunque los seres amados ya no estén físicamente con nosotros, seguimos teniéndolos presentes a través de los buenos momentos vividos. Por muy corto que haya sido el tiempo compartido, si fue un tiempo de calidad y cariño, eso es lo que perdura y permanece para acompañarnos incluso en la ausencia.
La pérdida inevitablemente se llevará al ser querido, pero nosotros permanecemos con el amor entregado y recibido, con las enseñanzas y los gestos de afecto. Podemos aferrarnos a esos recuerdos que nos traen paz y reconfortan el alma.
La frase de Rojzman puede servir de consuelo en el duelo, para recordarnos que la muerte no puede borrar del todo a quienes amamos. Mientras vivamos, una parte de ellos vivirá también en nosotros. Y cuando nos llegue el momento de partir, esperamos haber dejado también buenas cosas sembradas en otros.
Así, en los funerales, esta reflexión puede ayudar a familiares y amigos a sobrellevar la pérdida. Les recuerda centrarse en celebrar la vida del difunto y no lamentar en exceso lo que no alcanzó a ser. Honrar su memoria recordando lo positivo, lo que sí existió y perdurará.
En definitiva, una frase profunda que, en el contexto de despedir a un ser querido, nos invita a reflexionar sobre lo que realmente importa: el amor compartido en vida. La pérdida se lleva el futuro, pero no puede quitarnos el pasado. Y en ese pasado está lo que podemos atesorar para siempre en el corazón.