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La injusticia y crueldad de la muerte en la frase de Carlos Fuentes
La muerte es uno de los grandes misterios de la vida. Tarde o temprano nos llega a todos, pero eso no evita que nos parezca profundamente injusta e impredecible. Especialmente cuando se lleva a nuestros seres queridos, dejándonos con un vacío que parece imposible de llenar.
La frase «Que injusta, que maldita, que cabrona la muerte que nos mata a nosotros sino a los que amamos» del escritor mexicano Carlos Fuentes expresa a la perfección ese sentimiento de impotencia, dolor e ira que produce la pérdida de un ser amado.
Se trata de una cita muy utilizada en contextos funerarios, ya que refleja ese duelo desgarrador que supone enterrar a alguien de la familia o a un amigo íntimo. Cuando leemos o escuchamos esta frase en un velatorio o funeral, nos identificamos al instante con esa rabia contra lo absurdo de la muerte y el destino.
El significado de sus palabras
Analicemos el significado de esta conocida frase:
«Que injusta«: expresa lo incomprensible que resulta una muerte prematura o accidental. Por qué se fue él y no yo, por qué ahora que era feliz, por qué de esta forma tan absurda… Son preguntas sin respuesta que nos invaden.
«Que maldita«: transmite ese deseo de maldecir a la muerte por su crueldad y arbitrariedad. Maldita por llevarse lo que más queremos.
«Que cabrona«: utiliza un término coloquial y vulgar para referirse a lo traicionera que es la muerte. Se la personifica para poder insultarla e injuriarla con más vehemencia.
«La muerte que nos mata a nosotros sino a los que amamos«: esta segunda parte es clave, pues expresa que lo más doloroso e insoportable no es la propia muerte, sino la muerte de un ser querido. ver morir a un hijo, a una madre, a un cónyuge o a un amigo es algo que nos destroza por dentro.
Por todo ello, es una frase cargada de ira, dolor e impotencia ante el absurdo de la muerte y su capacidad para arrebatar lo que más queremos. Refleja la negación a aceptar la pérdida, con esos insultos y maldiciones.
Uso en funerales
En los velatorios y entierros, esta frase cobra especial fuerza expresiva. Porque captura ese torrente de emociones que sentimos al despedir a un ser querido.
Es habitual escucharla o leerla:
En las esquelas o recordatorios impresos que se reparten en el funeral.
En los discursos o palabras de despedida hacia el fallecido.
En dedicatorias personales escritas sobre la lápida o en libros de condolencias.
En tatuajes en honor al difunto, como símbolo de ese amor que perdura más allá de la muerte.
En camisetas y pegatinas conmemorativas, que exhiben este verso en señal de duelo.
Sea cual sea la forma, ver u oír esta cita nos transporta al dolor de la pérdida y nos hace conectar con quien la ha elegido para expresar sus sentimientos. Sus palabras tan directas y certeras llegan al corazón de cualquier persona que haya sufrido la muerte de un ser amado.
La muerte nos iguala a todos tarde o temprano. Pero sólo el amor que sentimos por nuestros seres queridos puede dar la energía suficiente a este grito desgarrador que Carlos Fuentes supo plasmar con tanta elocuencia. Una frase destinada a acompañarnos en los momentos más duros y a recordarnos que, incluso ante la muerte, «los que amamos» nunca nos abandonan del todo.